La fiesta mundial tan hermosa como es la Navidad, invita a compartir varias historias de la forma cómo la celebraban años atrás, iniciando con la Novena al Niño Jesús, momento en el que participaba la mayoría de la familia, jóvenes, adultos y especialmente los niños quienes a una sola voz entonaban los villancicos y en el último día, el 24, corrían a dormir temprano para que amanezca pronto y poder mirar lo que el Niñito Jesús les ha traído por su buen comportamiento, una mezcla de inocencia y ternura.
El poder repartir abrazos entre padres e hijos, entre hermanos, ya que aún se conservaba unidad de toda la familia, sin que aparezca todavía la migración y por ende el sentimiento de abandono y lejanía. Se esperaba con fe el momento de la Navidad en donde reinaba la armonía y el bienestar.
Hoy en día, desde el mes de noviembre se observa llenas las jugueterías, las calles y almacenes, comienza la nostalgia, el estrés, la preocupación de las madres, de los padres de familia al darse cuenta que el presupuesto es demasiado reducido como para satisfacer las exigencias de estas fechas y poder entregar a sus hijos lo que ellos piden con anterioridad. Según el INEC Instituto Ecuatoriano de Estadísticas y Censos, en el mes de diciembre, mes en el que aumentan las celebraciones, el consumo del alcohol y la necesidad de estar acompañados de la familia, se detectan más suicidios ubicándose en el puesto 14 de las 67 causas principales de muerte en el país, estando por debajo de los accidentes de tránsito y los homicidios.
Varios factores son los que desencadenan ideas y actos suicidas como por ejemplo el sentimiento de frustración al no poder dar y recibir obsequios, al no poder organizar una fiesta o simplemente al darse cuenta que al comunicarse con familiares y amigos que están en el extranjero o dentro del país, no reciben una respuesta positiva de su llegada o una invitación a pasar con ellos el día de la Navidad, entonces llega la soledad y la tristeza.
La gente llega a la desesperación al no tener empleo y no poder cumplir con las necesidades de su hogar, al no poder cancelar sus deudas; los jóvenes al observar que otros tienen lujos y preferencias y ellos no, los niños son obligados a salir a las calles y exponiéndose al peligro, piden un caramelo. Existen también acontecimientos traumáticos sufridos en las familias como la muerte de un familiar querido, la partida de alguien hacia otro país, la ausencia de algún miembro de la familia, etc. que coinciden con la Navidad, lo que hace que la familia se llene de nostalgia al recordar lo sucedido y sea un motivo para llegar a deprimirse.
¿Qué hacer para evitar deprimirse en estas fechas?
- Realizar un presupuesto con anterioridad, escogiendo obsequios ajustables a la economía del hogar.
- Ser creativos al planificar actividades en las cuales no se requiera de un alto porcentaje, como por ejemplo, reuniones, paseos, visitas, que sean momentos de diversión y de compartir mutuo con la familia y /o amigos.
- Buscar amigos y/o familiares lejanos y comunicarse con ellos con anterioridad, de esta manera, se tendrá varias opciones para pasar la Navidad acompañados.
- Reflexionar sobre el verdadero significado de la Navidad y transmitir a los hijos, infundir en ellos el sentimiento de solidaridad y de fraternidad hacia los demás.
- Tratar de mantener la calma y pensar positivamente en que esta época debe ser una época de paz y compañerismo.
- Renovar y estrechar los vínculos afectivos con los seres queridos.
- Realizar una evaluación de los logros y fracasos de todo el año que pasa y analizar sobre el esfuerzo y voluntad que implica el cumplimiento de nuevos propósitos y metas.
- La denominada “depresión navideña” en la mayoría de los casos suele ser un episodio pasajero caracterizado por nostalgia y pesimismo; sin embargo, si este cuadro depresivo persiste en el tiempo, es el momento de conversar con un amigo, con un hermano, o acudir a una terapia psicológica.