La depresión en los niños se invisibiliza ante los ojos de los padres, quienes al estar preocupados por las exigencias de esta época, como mantener el trabajo, buscar una estabilidad económica, un buen nivel social, solucionar los problemas de pareja, de la familia, etc., los síntomas de tal enfermedad, pasan desapercibidos sin darse cuenta que en el futuro podría convertirse en un estado crónico si no se trata a tiempo.
Podemos notar ciertos cambios en los niños/as, tales como llanto frecuente sin motivo, tristeza, tranquilidad excesiva, no participan en juegos, desinterés por sus juguetes, se sienten desganados y tienen dificultades para comunicarse con los demás, quejas de aburrimiento, pasa demasiadas horas frente al televisor y no quiere hacer ninguna otra cosa, bajo rendimiento escolar, dificultades para conciliar el sueño, se despierta varias veces por la noche, o puede suceder que duerma demasiadas horas, no quiere comer, no acepta ayuda fácilmente. Físicamente se quejan de dolor de estómago o de la cabeza.
En algunas ocasiones inclusive aparecen pensamientos de muerte o suicidio, se puede evidenciar que los niños/s no logran mantener un diálogo por un tiempo prolongado, se distraen y es fácil observarlos distraídos, como si estuviesen concentrados en sí mismos.
Es de importancia mencionar que en los niños/as en los que los síntomas de la depresión, se han intensificado, se instauran las ideas de morir, inclusive, algunos de ellos realizan acciones que les provoque sufrimiento y dolor, como lastimarse su cuerpo, jugar con fuego, usar utensilios cortapunzantes y/o ingerir productos químicos que encuentren en su hogar.
Existe una diferencia marcada en lo referente al sexo en el que se presenta la depresión, por lo general las niñas son quienes más la padecen, o quienes más rápidamente manifiestan los síntomas en relación a los niños; quizá tiene mucho que ver con la manera cómo los padres cuidan y sobreprotegen a una niña. Los factores de género asignados a las mujeres a quienes se otorga delicadeza, ternura, debilidad, obediencia, fragilidad, es lo que desencadena los síntomas de la depresión; a diferencia de los niños a quienes se les asigna características de fortaleza, autoridad, dominio, poder, juegos agresivos, mayor independencia.
Las causas más comunes para que un niño/a se deprima, tienen que ver con las pérdidas, puede ser la muerte de un familiar o de una mascota, la separación de sus padres, una mudanza, el nacimiento de un hermano, la carencia de afecto, etc. La tristeza que manifiesta frente a estas situaciones se sana mientras no persista demasiado tiempo.
Muchas veces la depresión se presenta sin causa aparente. En este caso, es probable que algo en el interior de la familia esté perturbando al niño/a, como la violencia entre los padres y/o hacia el niño/a, o están angustiados y le transmiten su angustia.
Alrededor de todo el mundo se han iniciado campañas de prevención de la depresión ya que se anuncia ser en el futuro la segunda causa de discapacidad mundial en el año 2020.
En cuanto al tiempo, los síntomas deben manifestarse en el niño/a en un promedio de dos a cuatro meses; siendo por lo general los padres o quienes cuidan del niño/a los que observan el cambio de actitud y comportamiento en los niños/as.
RECOMENDACIONES:
* Darles amor, comprensión y crear buenos vínculos en la familia.
* Estar atentos a cualquier cambio de comportamiento (aislamiento
social, poca comunicación, baja autoestima y sentimientos de culpabilidad).
* No ser demasiado exigente, porque el niño puede sentir presión y temor de defraudar a los padres.
* Compartir en familia, salir a pasear, practicar deporte, conversar.
* Reconocer sus acciones positivas
* Demostrarle cariño y aumentar la calidad del tiempo que pasamos con él.
* Iniciar una Terapia Psicológica.