Las somatizaciones son las molestias no justificadas biológicamente que presentan algunas personas, atribuyéndoles a enfermedades físicas y buscando ayuda médica para ellas.
Los síntomas psicosomáticos, se derivan desde varios factores, biológicos, genéticos experiencias familiares aceptables en los que desde niños la única manera de lograr conseguir lo deseado era a través de “buscar la enfermedad”, factores emocionales y/o trastornos en la personalidad.
Para establecer criterios diagnósticos, se deben tomar en cuenta algunos aspectos importantes en base a síntomas o quejas físicas de años de duración, desde antes de los treinta años de edad, que implican disfunción social, laboral u otras.
Las personas que se encuentran en esta situación, frecuentemente, no creen tener un problema psicológico, y continúan acudiendo de médico en médico para encontrar una respuesta física. Sin embargo, cuando se indaga un poco en su rutina diaria, éstas personas tienden a darse cuenta de que hay algo en sus vidas que les crea malestar o ansiedad.
Las somatizaciones también se pueden presentar en los niños/as, quienes por ejemplo, en la época de exámenes, y evaluaciones para concluir el año escolar, muestran un alto nivel de ansiedad o “estrés” que lo manifiestan de diversas maneras.
Si un niño se queja constantemente de malestar abdominal, dolor de cabeza, fatiga, cansancio, visión borrosa, dolor de espalda, dolor de las extremidades, dolores musculares, náuseas, vómito, y que frente a la preocupación de los padres, han acudido donde el Médico, quien confirma no existir ninguna enfermedad en el niño y ninguna causa orgánica; es hora de buscar ayuda psicológica.
Los padres deben tomar muy en cuenta si tales quejas se presentan únicamente en días específicos y previos a un acontecimiento estresante como un examen final, una lección, una tarea en la escuela, en el colegio, etc.; o si ya se ha prolongado en el tiempo e intensidad, es cuando se relaciona con un “trastorno de somatización infantil”.
El Terapeuta, realizará una minuciosa evaluación sobre las condiciones que rodean al niño, por ejemplo: su rendimiento académico, la vida social tanto en la escuela como fuera de ella, abuso sexual, la relación entre los padres, la relación del niño con la familia, la pérdida de figuras afectivas, violencia intrafamiliar; es decir encontrar los posibles factores estresantes que estén afectando al niño. En algunas ocasiones se ha analizado la presencia de una enfermedad en un miembro de la familia, muy cercano a él, es cuando éste comienza a compartir y ser “solidario” y a presentar los mismos síntomas.
Los padres deben tomar en serio los dolores presentados ya que son reales, pero que dependiendo de su actuación, podrían agravarlos o reducirlos. La actuación recomendada es no exagerar en la atención prestada a estas molestias para que el niño se recupere poco a poco, pero en ningún caso indicar que se trata de la imaginación o una excusa ya que les haría sentirse mal y humillados.
Es indispensable trabajar en equipo, el Médico quien descartará enfermedades físicas, las Maestras vigilantes del desempeño escolar y el Terapeuta quien iniciará un proceso terapéutico tanto con el niño como con los padres.